Era Aya Kitô. Una joven de 15 años enamoradiza, encantadora, con metas que cumplir, soñadora y buena estudiante. Una chica normal y corriente a su edad. Pero de repente comenzó a darse cuenta de que le pasaban cosas que no eran normales: Se caía con facilidad, le costaba coger la comida con los palillos e incluso la vista borrosa comenzaron a ser parte de su día a día. Cosas que eran fáciles se estaban conviertiendo para ella en acciones cada vez más dificiles de realizar.
Pensando que se debía a su falta de sueño no le dió apenas importancia, hasta que un día, después de sufrir una gran caída, sus padres se dieron cuenta de que no puso las manos para intentar amortiguar el golpe. Fue aquí donde su vida cambió completamente; cuando fue al médico le diagnosticaron Degeneración Espinocerebral.
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